La comedia de los idiotas
Tras algunos días pensando en cuál sería el tema del siguiente post he decidido escribir sobre algo que NO me gusta. Se trata de la película The Comedy, dirigida por Rick Alverson, la cual vi hace un par de semanas y provocó en mí tal situación de rechazo hacia su protagonista que quise apagar el ordenador a los diez minutos. Sin embargo, y quizá por curiosidad o morbo, quise ver cuán lejos podía llegar este personaje. La cinta, en cuestión, y como ya se habrá deducido NO es una comedia. Vamos, que no hace ni p*** gracia.
A lo largo de hora y media asistimos a las idioteces e impertinencias de un treinteañero de clase acomodada residente en Williamsburg (barrio de Brooklyn, en Nueva York), quien encuentra cierta gracia en los chistes racistas y en provocar a la gente de su entorno. A veces solo, otras acompañado de sus amigos hipsters. Pero quizá lo más molesto de todo es que en ningún momento conocemos la motivación de los personajes para actuar de este modo. Una sensación parecida a la que suscita en ocasiones el protagonista de la novela El Extranjero de Mario Camus, exponente del nihilismo y la indiferencia extremos. Por otro lado, la pasividad de aquellos que rodean al protagonista ante la gratuidad de sus groserías es incluso igual de exasperante. Nadie reacciona, nadie increpa a Swanson y sus “drugos”. ¿Por qué?
No pude evitar cierta asociación con Los idiotas de Lars von Trier, donde un grupo de personas (también sin ningún tipo de problemas financieros) decide vivir en comunidad haciéndose pasar por retrasados mentales y colocando a la gente “normal” en situaciones incómodas. Es, en cierto modo, sorprendente como la película pudo llegar a hacerme gracia cuando las personas “sociables” reaccionan de manera torpe ante las acciones de los que actúan como idiotas. No obstante, ¿quién es el idiota? ¿Los individuos de una sociedad que adoptan un rol impuesto o los que ponen de manifiesto las goteras de esa sociedad, aparentemente racional y funcional? Al final, esos personajes inadaptados se muestran incapaces de continuar con el rol de retrasados en su entorno personal, excepto Karen, como ya sabrán los que han visto la película.
Del mismo modo, parece haber cierto carácter de exhibicionismo y autoconciencia cuando se trata de hacer el idiota. Al igual que en el ya disuelto programa de televisión Jackass, las tonterías no están hechas para que se queden en el grupo de amigos, si no para que las vean los otros. El objetivo no es solo pasarlo bien, si no también provocar un estado de ruptura del sentido común, la risa o el asco de los espectadores. Da igual. Lo importante es que haya una audiencia que observe. El Swanson de Rick Alverson no sería un comediante si no tuviera a ese enfermero, taxista o camarera que lo observan perplejos sin saber muy bien que hacer.

